domingo, 22 de febrero de 2015

Devolver al cuerpo materno su soberanía

Por Jenny Soto


El cuerpo de la madre es un territorio, es un continente, es la Pachamama, es el alimento físico y psíquico, es el primer lugar en el que ejercemos soberanía, pero solo lo podemos hacer a través de la conciencia, el empoderamiento y el amor. El cuerpo de las mujeres es ese lugar en el que el capitalismo y el patriarcado penetran silenciosa y profundamente. Así como lo han hecho con el despojo a los pueblos originarios de su tierra y ahora con la semilla transgénica. El sistema se incorpora en nuestro ser desfragmentando nuestro cuerpo, dividiendo nuestras emociones separándonos, desvinculándonos a través de la medicalización innecesaria y las fórmulas lácteas, biberones, chupones, coches y toda una serie de accesorios plásticos que están en lugar del cuerpo materno.
La primera violación al ser humano es separarlo de su madre al nacer, interrumpir el acoplamiento armónico, natural y placentero de sus cuerpos, frustrar la expectativa natural de nuestra especie que es seguir en el continuo que le da la vida, su hábitat natural, lo único que conoce, su soberanía. La vida no se halla siempre y exclusivamente en las manos de un médico y su artillería tecnológica, hay un saber en el cuerpo y el alma de la madre que da la vida y escapa a sus manos. Es la capacidad ancestral que se concentra en cada madre. Todas las mujeres sabemos que nuestro cuerpo es el mejor sistema para garantizar la vida de nuestro bebé, poseemos la temperatura adecuada, el alimento, las bacterias que lo protegerán de enfermedades, la mejor vacuna, etc.
Si nuestro cuerpo funciona tan bien y la ciencia está en concordancia con esto ¿por qué las mujeres no confiamos en nosotras mismas? ¿Por qué no aceptamos nuestra intuición? ¿Por qué le entregamos nuestro cuerpo al médico? ¿Por qué dejamos pasivamente que alguien desconocido llamado neonatologo se lleve a nuestras criaturas indefensas? El sistema hace que olvidemos quienes somos.
El sistema capitalista ha sabido muy bien por donde penetrar lo más profundo de nuestro ser, lo hace a través de la sustitución de nuestras afectividades por plástico, el capitalismo ha secuestrado a la madre verdadera. Por eso la masa se apega a cosas materiales, consume y consume, explota a la madre tierra, tiene hambre, tiene la sensación de no llenarse, de que necesita más y más, surge la competencia y la envidia a todo lo que si vive. En la construcción del socialismo, nuestra bandera tendría que ser la recuperación de la madre, la soberanía del cuerpo, de nuestra tierra y del alimento.
En esta sociedad del conocimiento globalizado, sobra la información científica, incluso nuestra legislación, señala a la leche materna como un alimento con múltiples beneficios para la madre, el bebé, la familia y la sociedad. Ahora más que nunca hay información, pero al mismo tiempo hay confusión. Recitarle a una madre los beneficios de la lactancia no es suficiente para convencerla de que amamante. La información racional no es algo que convenza a una madre en puerperio, en el fondo muchas mujeres sienten que han perdido algo cuando llega la maternidad, en vez de sentir que han ganado, hay algo que no saben, que no ha sido lógicamente comprendido y que tampoco ha sido nombrado. Eso que las mujeres han perdido es el vínculo con sus bebés, es la represión del deseo materno, en palabras de la investigadora antipatriarcal Casilda Rodrigañez, es el vacío, la carencia, la frustración de no vivir eso que espera la especie humana después del nacimiento, cuando tenemos el pico más alto de oxitocina, la hormona del amor, es allí cuando mamá y bebé se enamoran ¿por qué justo en ese momento se llevan la a cría? ¿por qué nos quedamos sin agresividad para defender a nuestra cría, para defender la vida? Eso que espera el ser humano al nacer es la mirada, el tacto, el reconocimiento, la voz, el latido del corazón, el olor y el sabor de la leche tibia.
Las rutinas neonatales aplicadas a los recién nacidos le han hecho mucho daño a la humanidad. Repensemos y cuestionemos ese protocolo médico. Lo urgente y necesario es el encuentro madre-bebé. Esa es la clave de nuestra revolución.
La consecuencia de esta separación pesa cuando a la madre se le dificulta amamantar y cuando se rompen los pezones, luego viene el rechazo de la teta y la falta de motivación para amamantar. Recuperar el vínculo y la magia cuesta, pero es posible, en esa labor participamos las doulas, facilitadoras de nacimiento y consejeras de lactancia, dándole contención y amor a la madre para que se encuentre con su bebé, retomando el contacto piel a piel y protegiendo la producción de oxitocina. Lamentablemente las corporaciones de fórmulas lácteas y artículos para bebés han abarcado más espacios, tienen publicidad, médicos y pediatras a su favor. Para una madre que no está contenida y que le duele la lactancia es mucho más fácil ceder al uso del biberón.
El cuerpo de la madre es el primer escenario para hacer valer la soberanía, para combatir el capitalismo y el patriarcado, después de ganar este espacio lograr la utopía será mucho más sencillo. Los valores humanos, el amor, la equidad, la solidaridad serán cuestiones incorporadas naturalmente en nuestro ser, no será necesario desgastarnos en disciplinas rígidas para enseñar las buenas conductas, para el ser humano será importante cuidar la vida, su entorno, el ambiente. El ecosocialismo sería una forma de vida naturalmente asumida.

¡Hagamos del nacimiento respetado la bandera de nuestra política socialista y revolucionaria!


Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario