La Devastación del Patriarcado

La Carencia y la Castración del Deseo Materno, Desde la mirada de Casilda Rodrigañez

Semana Mundial del Parto Respetado 2014

Conversatorio: Cuentos de Parto

Ciclo de Cine-Foros "Por El Poder de Parir". Entrada Libre

Venezuela conmemora la Semana Mundial del Parto Respetado. Organización Auroramadre convoca debate sobre la maternidad

""

El Nacimiento de Abril

Empoderada y Llena de amor

En Tándem

Amar y Compartir

Mostrando entradas con la etiqueta Andares de doula. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andares de doula. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de septiembre de 2014

En mis andares de doula

Alhelí, Flor de Amor

Por Jenny Soto


Alhelí, así escucho que te llaman tus padres Miguelángel y Ana Karina, los conocí desde que te gestaban. Me dieron toda su confianza solicitando que los acompañara en tu nacimiento y me invitaron a su casa, enseguida tejimos un vínculo de comadres. Tu mami sonreía mostrándome todo el arte que había hecho inspirada por ti: mándalas, acuarelas y palabras… Yo sentí admiración y escuché atenta cada uno de sus deseos.
Percibí a tu padre como un hombre con mucha sensibilidad, enamorado profundamente de tu madre y de ti, dispuesto a todo el aprendizaje de la paternidad. Ana se había preparado con mucho amor para ser madre, lo hizo desde la conciencia, cuidando de su cuerpo, limpiando sus pensamientos, alimentando su intuición y cantándole a su naturaleza de mujer salvaje, la mujer que se conecta en cuerpo y alma.
El 21 de agosto mi hija Mora me despertó casi a las 5 am, gracias a ella vi el mensaje en el teléfono: “Ana empezó expansiones desde la 1am, avísanos cuando despiertes” los llamé inmediatamente y quedamos en encontrarnos a las 6:30 am en la clínica. A esa hora Beltrán, el médico, midió 7cm de dilatación. Tu madre estaba siendo atendida con mucho amor por tu papá, tu abuela Doly y tu tío Rubén Darío quien estaba a cargo de la logística y de mantener al tanto a los familiares. Inmediatamente ofrecí también mis manos y mi energía.
Al rato las expansiones se volvieron más largas e intensas, tu mamá gritaba, rugía y se movía, ella buscaba la armonía en su cuerpo mientras se transformaba y su alma surgía a la superficie. Respiré a su ritmo y me convertí en la voz que salía del fondo de su ser para recordarle su poder para parir. Dancé junto a ella el baile de la vida, me dejé llevar por esa danza en espiral, con los brazos abiertos hacia el cielo, arraigadas a la tierra, rindiéndonos ante tu inminente llegada. La invité a respirar y a exhalar lentamente durante el pico de la expansión para alejar al dolor, mamá dejó de gritar y su voz se convirtió en un canto suave.
Cada vez nos inclinábamos más, como atraídas hacia la tierra, Migue sostenía a mamá por la espalda, estaba totalmente presente y entregado, le susurraba cosas al oído, también se acercaba a la barriga para llamarte a la vida, tú te movías. Mamá me pedía palabras, solo aquellas que le resultaran como bálsamo, como brisa fresca, aquellas que la conectaran con los dones de su linaje materno, palabras que invocaran la presencia de sus ancestras.
La abuela, con actitud serena, se acercaba cada tanto a ofrecer masajes sanadores, un beso, una frase reconfortante o una taza con infusiones de hojas de higo y canela, medicina natural, útil para aligerar el dolor de las expansiones y hacerlas más efectivas.
Unos minutos antes de tu nacimiento mamá sintió calambres en las pantorrillas, era el cuerpo hablando, expresando algún bloqueo energético, trayéndola al presente. Junto a la abuela hicimos masajes y mamá pudo encontrar bienestar.
Mamá se ubicó en cuclillas para expandir las caderas, Migue sostenía su espalda y ella apretaba sus manos, vi sus ojos volteados hacia adentro al experimentar orgasmos durante las ráfagas. Ubicada justo en frente de ella, empecé a ver el saco amniótico intacto que se asomaba entre los labios vaginales. Se sentía un olor a hierro, a sangre mezclado con sudores corporales, el olor del parto. Con alegría les anuncié que ya iba a nacer la flor de amor.
Entonces vi tu cabeza deslizarse suavemente, de mis ojos fluían lágrimas mientras acercaba mis manos para recibirte, sentí un torrente de energía al tocar la humedad cálida de tu cuerpo, venías envuelta en tu mantilla, luego se reventó el saco amniótico y en mi ropa cayeron algunas esquirlas. Agradecí el milagro de la vida y te cubrí con mis manos mientras te llevaba hacia el vientre de tu madre, ella te abrazó, papá soltó lágrimas, todos contemplamos tu hermosura. Eran las 8:45 am.
Al rato recordé al famoso médico partero Michel Odent, quien habla del “reflejo de eyección del bebé” con respecto al pujo. El explica que cuando se les da suficiente tiempo y privacidad a las mujeres, ellas dilatan su cérvix naturalmente hasta que se sienten preparadas para pujar sin instrucciones de nadie y sin apuro, así como cuando estornudas o evacúas, no se puede adelantar ni retrasar. Así fue tu nacimiento, natural, tu mamá empoderada ni siquiera se lastimó el periné.
Después llegó el médico y vio que todo estaba bien. Al dejar de latir el cordón umbilical papá hizo el corte y pronto alumbró la placenta. Mamá te llevó a la altura de su pecho, los tres se miraban fijamente, sus almas se decían cosas sin hablar. Allí el tiempo se detuvo un buen rato, incluso sonó tu canción, “A primera vista” de Bahiano.
Tal como se espera en un nacimiento armónico, estuviste un largo rato envuelta en la piel desnuda de tu madre, solo tenías medias y gorrito, a ambas las cubrimos con mantas calientes. Con paciencia esperamos a que empezaras a beber de su pecho el sagrado calostro, los cuerpos se acoplaron con toda naturalidad. Luego el pediatra te hizo un breve chequeo, la presencia y la voz de tu papá siempre te acompañaron para protegerte. En ese instante mamá comió un trocito de placenta fresca, como es natural en las mamíferas, medicina a la medida del propio cuerpo, útil para contraer el útero y prevenir hemorragias post parto.
Yo miraba a tu madre a los ojos y me sorprendía su brillo y su profundidad, era como percibir de un vistazo la experiencia y la sabiduría ancestral que se concentran en su alma y se expresan en su cuerpo. Ella se veía feliz y poderosa, era como ver algo de otro mundo. Tus ojos bien abiertos, como quien sabe lo que quiere, buscaban esos ojos profundos para seguir tejiendo historia. Así mismo buscabas la mirada de tu padre, seguías el sonido de su voz y el demostraba la satisfacción de vivir un nacimiento que también fue suyo.
Estuve de visita en tu casa los días siguientes junto a nuestra amiga Diana Vegas quien ha traducido todo un conocimiento interesante sobre la placenta, integrando ciencia y saber ancestral. Ella convirtió tu placenta en cápsulas y en tintura medicinal. También conversamos con mamá, papá y abuela sobre las impresiones surrealistas del parto y lo placentero de esta experiencia, no solo para la nueva familia que nace, sino para quienes tuvimos el privilegio de acompañar con amor un nacimiento armónico a través de la voz interna de la mujer sabia y el protagonismo de la tríada.

viernes, 13 de junio de 2014

En mis Andares de Doula

Con mucha gente no avanza el parto

El Nacimiento de Roxana

Por Jenny Soto

Imagen Referencial
La primara vez que vi a Fabiola embarazada supe que la conocía de antes, recordé que habíamos trabajado juntas hace varios años y lo importante que era para ella su imagen física ante los demás, incluso el valor que le daba a la cirugía estética. A pesar de su narcisismo, la maternidad era un motivo hermoso para un reencuentro.
Fabiola ya cumplía casi 42 semanas de gestación y estaba ansiosa por ver a su bebé. Así que le solicitó a su médico una inducción, un día antes había tenido un falso trabajo de parto.
Con pitocin se acercó a 4 cm de dilatación, sin embargo el cérvix no se borraba y se sentía muy tenso, eran a la 2pm. La situación seguía siendo igual a las 8pm. Beltrán, el médico le presentó a Fabiola 2 opciones: cesárea o detener el pitocin y seguir intentando el parto, era probable que avanzara la dilatación y borramiento del cérvix. Ella decidió cesárea y se vino en llanto, deseaba disfrutar y sentir el esfuerzo del parto.
Durante el tiempo que Fabiola estuvo en trabajo de parto la invité a abandonarse y dejarse ir, le ofrecí alternativas para moverse, masaje y calor en la pelvis, visualizaciones y respiración. Ella había convocado a su pareja, a quien percibí un poco nervioso y esquivo, también invitó a una prima que hablaba hasta por los codos y no dejaba de relatar la experiencia de sus 3 partos humanizados. Las veces que Fabiola pudo tener más conciencia sobre su proceso fueron los momentos en los que hubo silencio e intimidad.
La mayoría del tiempo había muchas personas rodeándola, en ocasiones hasta más 4 en la habitación, a cada momento entraban diferentes familiares. Antes de que llegaran, Fabiola me comentaba que no estaban de acuerdo con la opción de parir de forma natural, pensaban que padecer ese “sufrimiento” era anticuado. Hablé un poco con los familiares para que le dieran espacio a Fabiola, pero ella sentía que desobedecía a su propia madre, a su padre y que decepcionaba a su hermana.
La invité a que se centrara en su proceso, a que liberara los pensamientos, a que sintiera amor y agradecimiento por sí misma, por su cuerpo, que buscara la imagen de su bebé, quien la necesitaba realmente. Ella empezó a llorar, incómoda por la contradicción en la que se encontraba,  no quería excluir a su familia de ese momento y hacerles un desaire o en realidad era su resistencia a mirarse a sí misma, a conectar con sus sentimientos negados y expresarse. Unas veces la vi decidida a conservar su decisión y su intimidad intentando buscar su conexión, pero la presencia de su madre pesaba más, su posición frente a ella era fuerte y su energía permanecía en la habitación por más que saliera a la sala de espera. Algo de vergüenza y miedo estuvieron presentes como patrones ancestrales a seguir y esto se materializó en una cérvix tensa que no dilataba. Hubo resistencia para desinhibirse, expresarse y dejarse llevar por las actitudes irracionales que afloran durante el parto por sentirse observada.
El trabajo de parto que vivió Fabiola antes de la cesárea le permitió tener más conocimiento de sí misma, de su cuerpo, de sus fortalezas y debilidades. En esas horas estuvo sacando a la luz emociones reprimidas e identificando los aspectos más profundos de su vida, los que a partir de ahora empezará a sanar, si se lo permite.
Acompañé a Fabiola al quirófano,  allí me confesó que la cesárea de su hermana había sido a la misma hora. Ella estaba descifrando el significado de esa sincronía, quizá se estaba dando cuenta que seguir algunos patrones familiares pesa. Fabiola vivió un proceso muy respetuoso,  estuvo consciente durante toda la operación, intenté responder todas sus dudas, darle apoyo, afecto y facilitar la comunicación con el equipo médico.
Fabiola con los labios temblorosos decía que su bebé no dejaba de moverse, sobre todo cuando estaban muy cerca de sacarla. El médico vio que había una circular de cordón, le solicitaron con insistencia a Fabiola que respirara hondo para enviarle oxigeno a su bebé, estábamos conmovidas escuchando su primer llanto. Imagino que la bebé tenía frío y tensión en los ojos por la luz, en seguida pasó a las manos del pediatra, quien la colocó sobre una superficie rígida bajo una luz aun más intensa, le aplicó colirio en sus ojos, inyección de vitamina K y una sonda por cada conducto de su pequeñísima nariz, supe que eso le dolió mucho y que no necesitaba tanta intervención. El obstetra pudo ser respetuoso durante la cesárea, pero el pediatra no. Pesó 3.8 Kg y midió 53 cm. Roxana se veía muy bien nutrida, colorada y hermosa.
Vi que el papá la observaba envuelto en llanto a través del vidrio, el no tenía idea de las rutinas que le hacían a su pequeña, Fabiola también lloraba y me decía que quería estar con su bebé de inmediato y así se le concedió después de culminar la operación. Ella recibió a Roxana con el pecho desnudo para aprovechar esa segunda oportunidad de sentir la oxitocina, la hormona del amor.

No pude contar cuantos familiares había al final, sé que nos tropezábamos en la habitación, me despedí y me retiré satisfecha porque Roxana fue recibida con amor y a pesar del silicón, su madre asegura que la amamantará exclusivamente y a libre demanda.

miércoles, 11 de junio de 2014

En mis andares de Doula

Naciste para enseñar el amor, Miranda

Por Jenny Soto

Tu mamá empezó a fabricar su nido cerca de la semana 37 de gestación, en esos días se puso en contacto conmigo para que la acompañara como doula. Ajustamos planes de parto un día que la acompañé a su consulta prenatal y Beltrán, el médico, confirmó los buenos augurios para tu nacimiento.
Mamá te esperaba alrededor del 7 de abril, sin embargo escogiste nacer en la tranquilidad del domingo 30 de marzo. No dormimos la noche anterior, tu papá mantuvo contacto por teléfono haciendo mil preguntas, consultando la forma de apoyar a tu mamá. Les sugerí ducha tibia, relajación y llegar a la clínica en la mañana, aun empezaba el trabajo de parto y faltaban horas para tu nacimiento.
A las 6 am, el cuello uterino de mamá había dilatado hasta 6cm. Ella decidió caminar por la calle y desayunar. Luego pidió subir a la habitación para hacer su propio ambiente, nos apoyó un viejo amigo de tu mamá, Oswaldo, un hombre muy conectado con su esencia femenina.
Empezamos a contactar con la energía del cuerpo a través de la música y la danza con movimientos  suaves y circulares, imagino que recibiste ese baño de placer y bienestar. Papá y mamá hacían movimientos muy sensuales con sus cuerpos muy juntos, transmitiéndose amor, tacto y romance. Poco a poco mamá fue sintiendo más intensas las expansiones, papá aprendió a acompañarla con masajes y contrapresión, caminatas y movimientos sobre la esfera.
A las 5pm tu mamá llevaba 9 cm. Había estado hermosa en su trabajo de parto, a pesar de una tensión que le causaba dolor en la parte alta de la espalda, aún así, sabíamos que nacerías naturalmente.
Papá acompañaba a Mamá en su caminata por el pasillo de la clínica, solo esperábamos un poco más de dilatación y que aparecieran las ganas de pujar. Anocheció y quedamos a la luz de las velas, para darte un recibimiento cálido, contactar con el elemento fuego e inspirarle fuerza a tu madre.
Mamá empezó a pujar apoyándose de la sillita de parto, luego lo hizo en cuclillas. Todos ofrecimos palabras de aliento, le dimos sostén a su espalda y a sus brazos mientras mamá buscaba la posición más cómoda, la encontró echando la pelvis hacia adelante, respirando profundamente y tomando fuerza para superar el dolor que se hacía más fuerte y largo en ese momento, había un poco de tensión en el periné. El líquido amniótico fluyó en uno de esos pujos y casi salpica en la cara de papá, que estaba pendiente de verte coronar.
Hubo un instante en el que vi a tu mamá realmente convencida de su poder, decidida y firme, fue allí cuando naciste, tu transición fue muy cálida, te acoplaste rápidamente a la piel de tu mamá y enseguida alumbró la placenta.
Mamá se incorporó a la cama y el médico suturó unos cuantos puntos de un desgarro pequeño en el periné. Aunque no lo necesitabas, porque te veías tan placentera disfrutando de la vida, el pediatra apurado pidió examinarte en ese momento, papá te acompañó. Se que esa separación por muy breve, no ha de ser agradable. Luego regresaste a a tu hábitat natural, el cuerpo de tu madre, su pecho desnudo y cálido, donde encuentras el gusto del amor y ese mismo olor que te cobijaba en el útero, allí donde encuentras el placer.

Llena de gratitud regresé a mi hogar, escribí esta historia de luz para quedarme con este recuerdo de tu nacimiento, hermosa Miranda.

jueves, 29 de mayo de 2014

En mis Andares de Doula

Un Nacimiento lleno de Paz
A pesar de las historias de abuso sexual...

Por Jenny Soto

Recuerdo que Ifigenia me había contado que presentía que el 19 de abril podía nacer su bebé. Y estuvo cerca, ese día en la tarde empezó su trabajo de parto y el 20 de abril a las 8:08 am nació Paz. Durante la noche mantuvimos contacto telefónico, por su voz sabía que estaba viviendo expansiones placenteras. Ella decidió llegar a la clínica a las 6:30 am. El médico le hizo el chequeo a las 7am y vio que el cérvix estaba en 10cm. Durante esa transición se mantuvo de pié, meneándose y gimiendo suave y sensualmente. Había una música suave muy agradable y un aroma de vainilla que se desprendía de una vela. Por la expresión de su rostro me parecía que tenía orgasmos en cada expansión, la vi disfrutando, sabía que sería un nacimiento hermoso. Su pareja, Pablo, le masajeaba la espalda durante las expansiones, cada tanto iba y venía mientras acomodaba la habitación con la bañera para un nacimiento acuático.
Ifigenia muy concentrada tomaba fuerza y oxigeno con cada respiración, repetía ¡yo si puedo! le sugerí que visualizara la imagen de su bebé flotando en su vientre, girando y deslizándose hacia la luz a través del canal de su pelvis. Pronto ella pidió entrar a la bañera, ya sentía ganas de pujar. Vi que su cuerpo quería acercarse al suelo y tomar posición de parto, no dejaba de moverse experimentando posturas. Ella demostraba poder, control, seguridad, una combinación perfecta de fuerza y amor.
El saco amniótico se reventó al salir la cabeza de su bebé y el médico apartó inmediatamente una circular de cordón, notamos que había un meconio verde-marrón, pero no lo suficiente como para afectar la salud de la pequeña. Tal como lo invoca su nombre, su nacimiento fue en Paz, en silencio, hermoso, inspirador, protegido, con el espacio y el tiempo para las miradas, el tacto y el amor entre papá-mamá-bebé. Paz no tardó en beber del pecho de su madre, aun con el cordón conectado a la placenta, el apego fue instintivo, natural y mamífero.
Por bendiciones de la vida me hallaba en ese lugar sagrado acompañando el nacimiento de una nueva familia, yo me sentía hermanada con ellxs, con una profunda empatía. Estuve varias horas compartiendo y comentando sobre el parto, la crianza, el amamantar…en esa habitación había un núcleo amoroso que contagiaba. Me fui a casa cargada de admiración por los dones femeninos para sanar y convertir el dolor antiguo en poder y fortaleza.

Ifigenia es una mujer valiente que decidió confiar en Beltrán, su médico y contarle que tenía una herida de abuso sexual. Él médico consciente de las repercusiones que esto puede tener en el parto le sugirió una sesión privada con Isabella, terapeuta y maestra doula. Acompañé a Ifigenia a esa sesión medicinal y sanadora para todxs, para Pablo, para Isabella e incluso para mí.
Como mujer y madre, me gratifica acompañar la transformación espiritual que viven las mujeres en sus partos, así mismo, me complace verlas empoderadas, tomando las riendas de su vida al enfrentar las heridas del pasado, reconociéndolas y  desprendiéndose de ellas. Ese paso es el más importante en la preparación pre natal, en palabras de Laura Gutman esto es prepararse para La Maternidad y elencuentro con la propia Sombra.
El parto es un acontecimiento en el que se expresa la sexualidad femenina al máximo, de hecho, el nacimiento al igual que la lactancia son partes indivisibles de la copula sexual, allí afloran todas las memorias emocionales grabadas en el cuerpo. Las mujeres sabemos que para parir nos tenemos que rendir ante las incontenibles señales del cuerpo, entregarnos a la voluntad divina y dejarnos ir. Es por eso que si hemos padecido escenas de abuso sexual es importante sanarlas antes del parto.

Soy testigo de lo armónico que pueden ser los partos en mujeres con historia de abuso sexual cuando ellas logran tomar conciencia de su situación, hacer un trabajo introspectivo del alma y atraer a personas que la apoyen afectivamente en este proceso.  Me llena de dignidad ser parte de un equipo que acompaña a las mujeres a contactar con sus propios recursos para manejar sus miedos y dolores. Agradezco a Ifigenia por permitirme acompañar su iniciación como madre, a Pablo en su iniciación como padre y a Paz por escogerme como doula, también agradezco a Auroramadre, por abrir este espacio de reivindicación de lo femenino.

miércoles, 26 de marzo de 2014

En mis andares de Doula


A la luz de la Luna Llena: Elías

Por Jenny Soto Doula

Desde que tu mamá y yo nos conocimos hubo mucha empatía, ella me pidió que fuera su doula en tu nacimiento y encantada acepté. Siempre la percibí feliz contigo en su vientre, con una sonrisa al hablar de ti. Hoy lunes de luna llena empezó a avisarme desde las 6 de la mañana que las contracciones eran seguidas, imaginé que ella no durmió mucho y que sería el día de tu nacimiento.
.
Desde el pasillo de la clínica escuché los gemidos de tu mamá y al entrar a la habitación me encontré con tu papá y tu tía, la gemela de tu mamá, ellos estaban ayudando. Habían creado un ambiente divino: incienso, velas, música suave y luces bajas. Yo saqué una barra de cacao para hacerle un masaje a tu mamá, tu tía muy atenta, aprendió pronto. Pronuncié algunas palabras para dar aliento y fuerza. A las 4 pm ella tenía 9 cm de dilatación, había avanzado muy rápido y sus gritos tenían ese particular sonido telúrico que anuncia la coronación.
Vi que tu mami sentía mucho dolor. Le dije que no podíamos evitarlo, pero si aceptarlo, sobrellevarlo y agradecerle. Hicimos visualizaciones en las que transformábamos el dolor en alguna cosa manejable y también algunas afirmaciones para contactar con el don de la naturaleza y el poder del parto. Tu papá estuvo siempre muy cerca de tu mami, sosteniéndola y palabreando con ternura, conectándose profundamente.

Llegó un momento en el que mamá estaba muy agotada, se quejaba del dolor en el coxis y el aro de fuego en la vagina empezaba a arder, así que hicimos varios cambios de postura y movimientos para apoyar a los desplazamientos de la pelvis. Estábamos en la última fase, en la que se necesita entrega, apertura, concentrarse en soltar, en dejarse ir. Ella demostró sus habilidades para sostener su pensamiento firme y manejar su proceso.
El médico entró a la habitación y le pidió a tu mamá incorporarse en la cama para chequear los latidos de tu corazón, pero venían contracciones seguidas. El equipo médico se apresuró para presenciar tu nacimiento, luego se fueron retirando, volvimos a bajar las luces y justo allí vi como coronabas. El médico le decía a tu mamá que te sacara, que ella misma podía, el intentó ayudar, pero ustedes hicieron todo el trabajo. Al salir tu cabeza el médico advirtió que traías una circular del cordón umbilical, el simplemente lo apartó y tu cuerpo terminó de salir.

Eran las 6:56 pm. A pesar de la oscuridad buscabas fijamente la mirada de tu madre, era como si a través de tus ojos le mostraras el universo entero y le estuvieras agradeciendo por haber sido tu canal hacia este cielo. Vi lágrimas de emoción en los ojos de tu tía, me dieron ganas de abrazarla, a papá se le vía muy enamorado y yo tuve la dicha de acompañarlos en este encuentro amoroso.

Mamá te dio calor de su propio cuerpo durante el alumbramiento de la placenta. Papá cortó el cordón umbilical y después te acompañó como un guardián mientras el pediatra te observaba, pesaste 3.3 kg y mediste 50 cm. No hizo falta otra rutina. En breve estuviste de vuelta a los brazos de tu madre, con los sentidos activos, explorando su olor, mirando, escuchando, probando la piel por primera vez.

Estuve una hora más hasta que me retiré feliz, contagiada de oxitocina. También iba a buscar a mi bebé para darle amor a través de mi pecho y contarle una nueva historia.

miércoles, 29 de enero de 2014

En mis Andares de Doula…

La fuerza ancestral de tu nacimiento: José Atahualpa
Por Jenny Soto

Desde el inicio de semana tu mamá me avisó que probablemente llegarías el viernes 24 de enero. Con casi 41 semanas ella se sentía plenamente lista para tu llegada, preparando su nido. El viernes en la tarde recibí su llamada ¡ya entré en trabajo de parto! Tu mamá y tu papá trajinaron toda la tarde por la ciudad de Caracas, hicieron diligencias, fueron a comer, estuvieron atrapados en el tráfico, andaban con sus maletas y  las cosas para tu bienvenida de aquí para allá. Cada tanto hablábamos por teléfono y escuchaba a tu madre con una voz muy serena.

Como siempre, le pido al universo que todo salga bien, no solo con los nacimientos, sino con mi familia, pedía luz para mi compañero, que rompiendo los esquemas del macho tradicional quedó a cargo del cuido de nuestras 2 hijas, Mora de 4 años y Abril, lactante empedernida de 9 meses, a quien le costó calmar el llanto.

Llegué a la clínica alrededor de as 8pm, tus padres estaban tranquilos, moviéndose suavemente de un lado a otro, los percibí como una pareja muy armónica. Antes solo tuve un encuentro con tu mamá en el curso prenatal, sin embargo, el día de tu nacimiento la empatía fue inmediata. Bajé las luces y les sugerí que se pusieran ropa cómoda. El ambiente estaba silencioso, tenue y cálido, de noche baja el ruido en la clínica y eso favorece.

Tu mamá se balanceaba de un lado a otro y noté que tensaba un poco los hombros, así que le ofrecí masajes que iban hasta la cabeza y a los lados de su frente, bajé a su espalda y durante las contracciones le hacía contrapresión en la pelvis. Hicimos una visualización en la que imaginábamos a una flor que se abría y así mismo, con la misma perfección de la naturaleza, ella también se abría y se convertía en un canal al expandirse para permitir tu nacimiento.

Percibí a tu madre como una mujer muy abstraída y centrada, casi siempre mantuvo los ojos cerrados, y seguramente estaba un poco cansada porque se dormía por unos minutos cada tanto. Casi nunca dejó de moverse, ella estuvo en la esfera de gimnasia, se puso en cuclillas, en 4 puntos, iba a la silla de partos, se abrazaba a tu padre quien la recibía amorosamente con todas las ganas de sentir con ella las vibraciones de tu llegada y juntos danzaban. El rostro de tu madre era orgásmico, estaba llena de oxitocina y endorfinas. Su actitud era de entrega y placer. Cada tanto el médico se asomaba, sigiloso para no interrumpir el silencio.

Le dije a tu mamá que percibiera la fuerza ancestral de todas las mujeres de su linaje, que todas alrededor reunidas cantaban para ella y en un instante pudimos ver como se asomaba la bolsa de aguas entre el canal vaginal, sostuve a tu mamá por la espalda, tu papá estaba adelante para recibirte y con mucho esfuerzo naciste. Pudimos ser testigos una vez más de la perfección y belleza de la naturaleza, algunas lágrimas corrieron de emoción y después de tanto silencio tu madre por fin habló para declararte amor, tu saboreabas su piel con gusto y agradecimiento mientras ella aún alumbraba. Tu placenta hermosa fue conservada de inmediato por tus padres.


 Eran las 2 am del 25 de Enero. No hicimos más que contemplar y allí seguías enamorado sobre la piel de tu mamá, ella sonreía, estábamos todos sonriendo, felices. Yo quería quedarme un poco más, pero me esperaba mi familia y ya mis senos estaban llenos de leche, a punto de doler. Luego en casa me acosté satisfecha, bendije esa noche y a ti también, pensaba en que seguro estabas tomando teta, así mismo como mi pequeña en ese instante. Al rato entré en el sueño profundo, entregada al descanso.